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miércoles, 3 de agosto de 2016

ENTRE MAR Y MONTAÑA



Son cerca de cuatro meses pisando arenas pardas y crujientes hojas derramadas en el barro de las acequias secas. Aquí el azul es mas salvaje y las olas vagabundas y encendidas. Es un  mar exuberante de grandes pezones generosos. Los perros los recorren cada día multitud de veces mientras se deslizan por el vientre de un agosto orgulloso,  arrogante y excesivo.
En tierra, en la montaña,  en la intemperie, se encuentran múltiples senderos solitarios, vestidos de tímidas flores apagadas, amarillas, ocre, palidas y escarlata, agonizando, luchando por el agua que no alcanza.  El calor cae en cascada, acechando, deseando enredarnos en sus garras.
Tecla y Dandy rastrean los pinares, escarban incansables buscando en la humedad escondida una sombra fresca y un soplo de viento amigo.

Todo mi equipaje en la cartera, todo el dolor acumulado, todo el remordimiento y el silencio de la ausencia está también presente en esta nueva casa, corre por las paredes, asoma en las ventanas, suena inclemente en el espacio, en las horas que abren los relojes y dentro del sueño recogido. Por mucho que me aleje, por mas distancia que recorra, por mas que camine, yo traigo en mi bolsillo, junto al pecho, el desgarro oscuro y espacioso que causa mi hija muerta.









miércoles, 27 de marzo de 2013

SEMANA SANTA



Llevamos mas de un año prisionero del asfalto. Necesitamos levantar la ciudad y extendernos por el verde, errar bajo los pinos, hundir los pies descalzos en la tierra, trepar por el aire, llenarnos de  raíces y resina, oler las  flores diminutas al lado del camino, estas flores sin nombre ni apellido.

Formamos una caravana de dos coches y trece individuos: cuatro mujeres, nueve perros, de todas las edades, status y colores. Desde los mas ancianos, los conquistadores, la gruñona, la hembra lesionada, hasta el bombón azabache de un par de meses. 

Andamos en ascendente, acariciando los árboles heridos, oliendo los pétalos perdidos, enhebrando los hilos del follaje. Olmos, encinas, nogales, lianas enredadas. En cada recodo que cruzamos. buscamos las huellas transparentes, explorando el suelo y sus tesoros.


En  sus hazañas una de las perras se ha vestido de estiércol, su manto apesta, por una vez no ha sido la prodigiosa Tecla. Otros arrastran ramas caidas, gigantes como vigas de madera, sus rabos en alto, despiertos,se reparten por todas las esquinas de la tumultuosa maleza, se sumergen en la fuente del presente, abiertos a lo nuevo, jadean, acechan, levantan la alfombra verde y sacan de su hogar a abundantes insectos. No quieren mas, están felices y contentos con el paseo.

Todo, absolutamente todo alrededor rezuma vida, paisaje, arboles, colinas, infinito. Briznas de hierba retoñan entre las grietas de las piedras grises. Yo busco a mi hija muerta, aquí, en el rostro hermoso de la tierra, nace el delirio ancestral de volver a verla, de tanto que pude decirle y no le dije, de tantos abrazos que quedaron pendientes. Viene conmigo la tristeza, me acompaña siempre, mi segunda casa es la ausencia.
Xaloc anda a mi lado, pegado a mi rodilla, levanta su hocico y roza mi mano con dulzura. Desde lejos Sólid que va y viene, cierra el paso y se golpea en mis piernas, su mirada ancha y sincera reconoce mi ánimo abatido. Sonrío cuando Tecla aparece de en medio de la nada, se acerca trotando y hunde su cuerpo entre mis dedos.  Incluso los demás perros parecen alerta. Es incuestionable el poder terapéutico que ejercen.


La primavera nos mece en sus brazos. Llena con su voz la luz del cielo. A cada paso sobreviene su fuerza poderosa, nos recorre, nos invade, nos besa en sus labios tiernos.


Hambrientos, cansados, sedientos, sudorosos, palpitantes de gozo, llegamos a la cima. Ha sido duro pero vencemos.












viernes, 8 de febrero de 2013

CARNAVAL


 Fuimos de mañana a quemar derrotas,  verdugos de  ausencia magra.
No busco nada, solo ha de arder el pasado que me encuentra, sacudir las cenizas y arrojarme al mañana.
Para que el cielo estalle en mi pecho, he de enterrarlo todo, no quiero mas dolor en la sangre, ni mas lágrimas.
                                                                                                    
En lo profundo de un armario oscuro, en un piso deshabitado, sacamos unos sombreros, unas mascaras divertidas y algunos disfraces. ¡Vamos a desmadrarnos un buen rato!

El viento huracanado hace temblar el parque. Tierra, hierba y frío se empapan de rocío, verde y pardo, ocres, resinas, todo esta calado.
 La música, la voz del cielo, se extiende desde las nubes altas.
Somos nosotros, son los amigos que se acercan galopando. Atraviesan la vergüenza y se ensortijan entre el silbido del aire para, después, soltarse en el instante en que estamos respirando.
 ¡Que pacientes nuestros perros!

¡Es hora de disfrazarnos! 







       












sábado, 16 de junio de 2012

ANGELES DE LA GUARDA

He visto nacer la luz en los almendros y mares de fuego ascender en las mangas del tiempo.
He aprendido que todos los abismos tienen alma, sentido y abundancia. Basta con correr las cortinas de la vida, envolverse en ellas y abrir las ventanas creciendo, duplicarse en los recuerdos e invadirse.
Delicada tormenta, sin recrearte en temblores ni en tinieblas tomas cuerpo sin vanidad ninguna.

Cada  día espero poner la copa en mis labios, saborear la realidad como una golosina de la infancia dormida.
Rígida, implacable, erguida y fría la noche pisa la memoria con dentelladas oscuras, siniestras enemigas. ¡ No podreís con nosotros!

Ellos, mis ángeles guardianes, mis fieles amigos, se desperezan, agitan, bostezan y velan los sueños. Mis  ángeles peludos entran alegremente, con luz benigna y fresca lamen, conquistan, remueven, abrazan, juegan, susurran, ronronean, laten, brillan, ensanchan el nido y siguen adelante conmigo.                
                                                                           













sábado, 12 de mayo de 2012

ESTHER (D.E.P.)


Busco la luz perdida, allá en el fondo, donde el mundo no tiene nombre, ni placer, ni alma. Salta el  frío en la garganta, se instala en cada poro, acosa,  perfora, persigue, ataca. Me se acabada.
Impotente al destino, caigo traicionada. Odio las horas perdidas, me ahogo en este espacio. El mundo es humo espeso, ajeno, despiadado.  Los días sin ella son mucho mas que amargos. La vida que me queda no merece ser contada. 
Respiro, me sostengo, es cierto. Respiro y ando y de nuevo la tristeza se encarniza, ataca y me amedrenta. Siempre gana.
El dolor galopa a sus anchas, brota en  las palabras. Todo es inútil, todo es en vano.


Golpe oscuro, me has dejado sin cielo y me has doblado. 
Mi niña, mi pequeña, mi cultivo esmerado. La hija esperada, música, cuartel, fruta deseada. Triunfo personal, semilla, germen. Obra de arte cincelada en  mi vientre, paz, gozo, azucena, lirio y geranio. Ventana abierta al mundo, textura, fragancia ondulada.
Todo mi mundo sacudido, sin sabor, es sangre derramada, es nada.
Maldito aliento que sostiene con toda su altivez las llamas del pasado.

Entró la muerte grave, le puso el anillo, la cubrió con un manto manchado de luto y en silencio subió las escaleras hacia las rutas sin patria. Por eso su sombra se dispersa y en medio de las piedras, fragmentada, susurro su nombre sin hallarla.
             
Vienen los perros a lamer mis lagrimas, se acercan los gatos con nostalgia, se recogen a mi lado, me desvelan como un grito en la noche, como una campana. Se repiten y alargan sus gestos de ternura...quizá haya un hilo de esperanza.