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domingo, 15 de mayo de 2016

NOS MUDAMOS



Hemos ido a vivir entre apretadas flores de tallo verde y pétalos silvestres,  matorrales espesos,  fragantes pinos torcidos al viento, robles y encinas y terrones azules de mar y de cielo.
Suena la campana de la iglesia y un gallo rompe la línea del silencio. Derraman, en el paisaje, los pájaros su trino formando un coro enmarañado entre la piedra estática y la quietud matutina.  

Tecla recorre la montaña como un puñado de tierra, huele, vigila, descubre los latidos de esta vida menuda que pasa entre la hierba  y Dandy persigue pajaritos que le retan al vuelo. Se va, desaparece en los zarzales y regresa engalanado de barro, de rocío y de pradera. Avanza de nuevo coronado de incontables pinchos y hojarasca y algún arañazo en su vestido regio. La lengua resbala hacia fuera y jadea, babea y brilla al mismo tiempo. Hay en sus ojos  una felicidad indecible mientras su cola gira como una vela en tormenta.

Debimos haber marchado hace ya tiempo. La ciudad, la grave pesadilla de paredes sombrías, la masa intranquila de rejas cortantes, movimiento intermitente que galopa entre grises nocturnos y amargos rechazos, de largos vacíos y erguidos rumores. La  gran Barcelona que jamas se detiene pero tiene frío y tose y enferma y tiene fiebre y duele y quema y arde y mata sin ni un suspiro de pena.  Esta urbe mía, a la que a veces amo y otras he maldito, nos llenó de hartazgo, nos quedó pequeña.

Los gatos, de momento, se quedan al cuidado de mi hijo, en su castillo sagrado, su fortaleza augusta, porque para ellos no hay más universo que esa morada antigua.













martes, 29 de octubre de 2013

SOL DE OCTUBRE

Quema el sol, su luz se esparce como un pétalo azul entre la arena. Las olas errantes visten la playa de música serena y un mundo submarino emerge
Encendida desde lo mas profundo, el agua nos arrastra con visible nostalgia y nos canta su arrebatadora canción de compañía.

Ya no queda nadie. Los veraneantes, turistas, viajeros y gente de todas partes se esconden en los muchos hogares del mundo. Pero nosotros estamos amarrados a este paisaje húmedo, entraña celeste, pícaro infinito, siempre único, siempre distinto y cristalino.

Desde el amanecer del verano que estamos pegados a la sombra y ya es tiempo de nadar, mojarnos el vestido, dejar que la estela salitre anide en nuestro cuerpo y ladrar y  gritar como locos al viento y chapotear en desorden y bailar en la orilla, y envolvernos de brazos y cielo y olvidar, olvidar las ausencias transformando nuestras penas en dicha sincera.






miércoles, 27 de marzo de 2013

SEMANA SANTA



Llevamos mas de un año prisionero del asfalto. Necesitamos levantar la ciudad y extendernos por el verde, errar bajo los pinos, hundir los pies descalzos en la tierra, trepar por el aire, llenarnos de  raíces y resina, oler las  flores diminutas al lado del camino, estas flores sin nombre ni apellido.

Formamos una caravana de dos coches y trece individuos: cuatro mujeres, nueve perros, de todas las edades, status y colores. Desde los mas ancianos, los conquistadores, la gruñona, la hembra lesionada, hasta el bombón azabache de un par de meses. 

Andamos en ascendente, acariciando los árboles heridos, oliendo los pétalos perdidos, enhebrando los hilos del follaje. Olmos, encinas, nogales, lianas enredadas. En cada recodo que cruzamos. buscamos las huellas transparentes, explorando el suelo y sus tesoros.


En  sus hazañas una de las perras se ha vestido de estiércol, su manto apesta, por una vez no ha sido la prodigiosa Tecla. Otros arrastran ramas caidas, gigantes como vigas de madera, sus rabos en alto, despiertos,se reparten por todas las esquinas de la tumultuosa maleza, se sumergen en la fuente del presente, abiertos a lo nuevo, jadean, acechan, levantan la alfombra verde y sacan de su hogar a abundantes insectos. No quieren mas, están felices y contentos con el paseo.

Todo, absolutamente todo alrededor rezuma vida, paisaje, arboles, colinas, infinito. Briznas de hierba retoñan entre las grietas de las piedras grises. Yo busco a mi hija muerta, aquí, en el rostro hermoso de la tierra, nace el delirio ancestral de volver a verla, de tanto que pude decirle y no le dije, de tantos abrazos que quedaron pendientes. Viene conmigo la tristeza, me acompaña siempre, mi segunda casa es la ausencia.
Xaloc anda a mi lado, pegado a mi rodilla, levanta su hocico y roza mi mano con dulzura. Desde lejos Sólid que va y viene, cierra el paso y se golpea en mis piernas, su mirada ancha y sincera reconoce mi ánimo abatido. Sonrío cuando Tecla aparece de en medio de la nada, se acerca trotando y hunde su cuerpo entre mis dedos.  Incluso los demás perros parecen alerta. Es incuestionable el poder terapéutico que ejercen.


La primavera nos mece en sus brazos. Llena con su voz la luz del cielo. A cada paso sobreviene su fuerza poderosa, nos recorre, nos invade, nos besa en sus labios tiernos.


Hambrientos, cansados, sedientos, sudorosos, palpitantes de gozo, llegamos a la cima. Ha sido duro pero vencemos.












sábado, 24 de septiembre de 2011

TRES NOCHES

Llegó septiembre inquebrantable, adolescente desnudo, aun pálido, quemando la frente del verano.

Todavía no podemos acercarnos a las playas, pobladas de rasgos otoñales. Tampoco podemos pasear por los parques, juegan los niños y las madres, padres, hermanas, tías y amistades varias, nos rechazan, tristes guardianes que llaman a sus cachorros y amenazan.
Solo podemos andar por las calles de asfalto, ellos atados, yo renegando de porque tanta ignorancia.

Es en este instante cuando decido alquilar una furgoneta y circular hacia el ombligo del trueno, hacia la lluvia furiosa, hacia la rama caída y despejarnos.

Me olvido la cámara y el móvil y en el tercer peaje los gritos se almacenan por vacíos y abstractos.

En cualquier surco dormimos, despertamos andando, rodeamos el día. No llueve, poco importa, estamos en un sueño de pinos y encinares. La tierra regresa sigilosa y el cielo es un mar invertido.
Luego de tres noches de luna y de alegria, cruzando rios y barrancos, colmados de recuerdos transparentes, regresamos a casa.