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miércoles, 3 de agosto de 2016

ENTRE MAR Y MONTAÑA



Son cerca de cuatro meses pisando arenas pardas y crujientes hojas derramadas en el barro de las acequias secas. Aquí el azul es mas salvaje y las olas vagabundas y encendidas. Es un  mar exuberante de grandes pezones generosos. Los perros los recorren cada día multitud de veces mientras se deslizan por el vientre de un agosto orgulloso,  arrogante y excesivo.
En tierra, en la montaña,  en la intemperie, se encuentran múltiples senderos solitarios, vestidos de tímidas flores apagadas, amarillas, ocre, palidas y escarlata, agonizando, luchando por el agua que no alcanza.  El calor cae en cascada, acechando, deseando enredarnos en sus garras.
Tecla y Dandy rastrean los pinares, escarban incansables buscando en la humedad escondida una sombra fresca y un soplo de viento amigo.

Todo mi equipaje en la cartera, todo el dolor acumulado, todo el remordimiento y el silencio de la ausencia está también presente en esta nueva casa, corre por las paredes, asoma en las ventanas, suena inclemente en el espacio, en las horas que abren los relojes y dentro del sueño recogido. Por mucho que me aleje, por mas distancia que recorra, por mas que camine, yo traigo en mi bolsillo, junto al pecho, el desgarro oscuro y espacioso que causa mi hija muerta.









jueves, 14 de abril de 2016

ALEGRIA

Debo estar loca pero todo pide que le cante. Las tinieblas profundas y engañosas, de pronto,  se tienden en mis brazos. Las zarzas del camino, salvajes, dolorosas, duras y enramadas se inclinan, se arrepienten y aunque vuelven a la boca no destruyen mi aura. Ahora, bajo la luz huraña alcanzo a ver la paz en las ventanas
Codo a codo, la arena suspendida en el aroma de las flores se calza mis zapatos. Ahora el mar reluce, llegan los perros y sus amigos, corren y crecen a mi vista y el fondo de la tierra es transparente.  

El duelo me hace llorar, el luto suena en el tiempo y en mis andares desolados y heridos. Las cicatrices se derraman en costados abruptos y siguen en la mesa, cenando conmigo.  Ahora, sentados en círculo en las olas, esa gente reunida, deja en mi vestido una sonrisa ancha.

Estoy  preparada para saltar el cosmos
















miércoles, 22 de mayo de 2013

CHARLANDO


Andar entre el paisaje con los perros es un regalo completo, para algunos será minúsculo, para nosotros,  que amamos el espacio compartido, es todo un universo en las entrañas.
Nos gusta la lluvia cuando llueve, la niebla espesa en la mañana,  el sol oscuro que te ciega, el pájaro en el  follaje del viento cristalino, la vida galopando por la la boca, y surcando el espacio transparente el río, el mar, las olas cantarinas, el cielo y la  tierra amarrados en un abrazo.

Arriba, en lo mas alto, hay una red de amigos, personas y animales que huelen a lavanda y armonía. Cruzamos por el mismo destino inconfundible, fundidos en racimos de justicia, paz y nido.
La cifra varía cada día, a veces muchos, otras veces nadie.

Yo con mi dolor a cuestas, extiendo a mi hija y me estremece sentir su energía cósmica, su talle frágil en mi cintura. 
 Es maravilloso salir a correr mundo y confundirse. Quemar la mascara, atravesar la tierra desnuda y terminar semilla. 

Cuando nos vemos cansados, tomamos la avenida y nos sentamos en medio de la calle, a nuestros pies los perros jadean soñolientos. En invierno, la mesa sola y desnuda se colma de café caliente, risas, arena movediza, humo y vino tinto. En entretiempo corre la cerveza ,y siempre, la palabra entre el sonido alegre, esa música que canta y cura, esa voz que tan bien conocen nuestros perros.